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Como a veces ocurre, el tiempo se detuvo y quedó suspendido en el aire mucho más que un instante, y el sonido se detuvo, y el movimiento se detuvo mucho, mucho más que un instante. Y de repente, el instante se había desvanecido.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Se hace camino al andar



La utopía está en el horizonte.
Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
Entonces, ¿para qué sirve la utopía? 
Para eso, sirve para caminar.
(Eduardo Galeano)




La felicidad está en el viaje, pues, no en el destino, y cuando seamos capaces de verlo, conseguiremos que esa felicidad permanezca con nosotros de vacaciones.

viernes, 19 de noviembre de 2010

El guerrero pacífico



- ¿Dónde estás? 
- Aquí.
- ¿Qué hora es?
- Ahora.
- ¿Qué eres?
- Este momento.

martes, 16 de noviembre de 2010

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Siempre viendo todo desde detrás de los barrotes que yo misma construí...

viernes, 12 de noviembre de 2010

Báilame sombra



Donde todo es tan blanco como la nieve...

Sueño, tú que te elevas a la más alta montaña, tú que me sumerges en los más profundos mares, tú que hipnotizas sin mirarme...

Tú que me enseñaste que la Luna, aún rodeada de estrellas, puede llorar por el Sol...


PD: La foto viene a que todos tenemos un "yo oculto", diferente, privado y lo suficientemente listo para salir en los momentos en los cuales necesitamos ayuda (normalmente). El problema está en que mi "yo" duerme plácidamente desde hace bastante tiempo y nadie consigue hacerle despertar, ni siquiera mi "yo real". Espero que con el tiempo espabile y que mi sombra se ponga a bailar de nuevo...

jueves, 11 de noviembre de 2010

Instante



Era un frío noviembre más, pero su sonrisa le dijo ven y su mirada no te vayas nunca. Tan sólo era noviembre, pero hicieron de un instante un beso y se escondieron tras él los dos. Tras un instante que se convirtió en el instante más largo del mundo.


Cris

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Pablo Neruda



Si solamente me tocaras el corazón,
si solamente pusieras tu boca en mi corazón,
tu fina boca, tus dientes,
si pusieras tu lengua como una flecha roja
allí donde mi corazón polvoriento golpea,
si soplaras en mi corazón, cerca del mar, llorando,
sonaría con un ruido oscuro, con sonido de ruedas de tren con sueño,
como aguas vacilantes,
como el otoño en hojas,
como sangre,
con un ruido de llamas húmedas quemando el cielo,
sonando como sueños o ramas o lluvias,
o bocinas de puerto triste;
si tú soplaras en mi corazón, cerca del mar,
como un fantasma blanco,
al borde de la espuma,
en mitad del viento,
como un fantasma desencadenado, a la orilla del mar, llorando. 
Como ausencia extendida, como campana súbita,
el mar reparte el sonido del corazón,
lloviendo, atardeciendo, en una costa sola,
la noche cae sin duda,
y su lúgubre azul de estandarte en naufragio
se puebla de planetas de plata enronquecida. 

martes, 9 de noviembre de 2010

Soy trapecista en un tejado


                       Imagen: Cirque du Soleil

Algún día tendré que levantarme de la cama y entender que en el pegar de las sábanas no soy pionera, que las sonrisas pueden aguantar tanto una brisa como un vendaval, y que hay metas imposibles a las que tengo que dejar ir.
Tengo que aprender a saltar al vacío de otra manera, a cambiar el ritmo, a entender que el tiempo pasa, y normalmente lo hace volando.
Tengo que aprender a no desahogarme llorando, a no necesitarte tanto, a ponerle buena cara al mal tiempo otra vez, ya que perdí el equilibrio mientras danzaba por la cuerda floja y me falló la red al ser ésta de caramelo.

Cris

lunes, 8 de noviembre de 2010

Llueve sobre mojado



Llueve. 
Últimamente no pasa otra cosa. 
Llueve y el agua resbala por mi cara, las gotas hacen carreras peligrosas por mi cuerpo, colándose por todas las rendijas de la nada. Estamos cogidos de la mano y tumbados en la hierba, mientras la sencillez de nuestro rostro sale cada vez más y más a la luz. La expresión congelada nos cubre la cara con una manta, para que no tengamos frío. El agua lo muestra todo y la ropa, pegada al cuerpo, no es capaz de sentir el calor que cae del cielo con cada rayo. Tú y yo lo sentimos todo. Llueve y no nos movemos, deshaciéndonos de cada pensamiento, mostrándole las curvas al viento, enseñándole al cielo cubierto lo bien que sienta una sonrisa en un día triste.


Cris

domingo, 7 de noviembre de 2010

A 90 km de tu sonrisa


A 90 kilómetros de tu sonrisa, de la sonrisa más bonita de todas las sonrisas que pululan por ahí. A 90 kilómetros de ese puñado de ánimos que nos espera. No parece tanto, ¿verdad? Es muy fácil contar hasta 90, rápido, simple, incluso fugaz. Es fácil descolgar el teléfono y marcar esos 9 números que guardo entre mis dientes. Tan sencillo como llamarte y escuchar tu voz. Es muy fácil verte, también. No me hace falta ni mirar una foto tuya ya que incluso, y sin ningún esfuerzo, te veo con tan sólo cerrar los ojos. 
Pero, ¿tú cómo calmas las ganas de un beso, de un abrazo? ¿Cómo haces que se apacigüen las ganas de una mirada, de un suspiro o del silbido de tu nariz? Tú estás dentro de mí. Estás entre mis labios cada vez que sonrío, entre mi pelo cuando el viento lo despeina. Estás en mis dedos cuando rozan con mi piel, en la gota de lluvia que juguetea por mi cara e incluso en el picor de mis ojos. Estás en mi ropa, en mi olor y también en cada mordisco que doy y en cada vaso de agua que bebo. Estás en mi frío, entre mis sábanas y en cada una de mis mantas. En mi cepillo de dientes, entre mis suspiros…

Estás en mi cuenta atrás. Voy a empezar por 90 y sé que cuando llegue al 0 no te habrás movido de aquí, porque te huelo… Te huelo en todas partes y te siento con cada poro de mi piel. Y prometo darte, tan sólo para ti, un beso por cada kilómetro que hagamos desaparecer, así como 90 por cada kilómetro que nos aleje del resto del mundo.


Cris

Mi inocencia interrumpida



"Las cuchillas duelen, los ríos anegan, los ácidos huelen, las drogan ciegan, las armas cuestan, los nudos ceden, los gases apestan, mejor vivir si se puede."
(Inocencia interrumpida)

Me agobia la gente. Me molesta el ruido, el sonido del viento, de los árboles. Me taladran las voces, los susurros, las risas. Me atora el movimiento, los chasquidos de los dedos, el crujir de la comida en la boca al masticar. Me revienta la luz, la locura, la acumulación. Me agobio. Me agobio al andar.
Necesito silencio. Me hace daño el ruido, la gente. Necesito correr lejos, muy fuerte, muy cansado. Necesito agotar mis fuerzas para después tumbarme y no necesitar levantarme más. Necesito NO necesitar.
Me agobias. Me agobia él y ella, ellos y ellas. Me agobia que me pregunten, que me cuenten historias largas, me agobia que me salude la gente cuando llego o que se despidan de mi. Me molesta que me pregunten qué tal estoy, cómo me encuentro, qué me pasa o si tengo hambre.
Me agobian las clases, me agobia despertarme.
Me agobia vivir. Me agobia no poder dormir.
No me gusta que la comida dance por delante de mis narices mientras como, que no retiren las bandejas de la mesa después de que una persona ya se haya servido. No me gusta ver cómo la gente mete la comida en la boca, cómo traga, cómo relame. Es asqueroso.
Me gusta estar en silencio, que nadie grite, que nadie hable, que no haya nadie para hacer nada de eso. Necesito tranquilidad, que desaparezca el mundo, poder cerrar los ojos y estar sola.
Tremendamente sola.
Necesito agotarme físicamente para que, como psíquicamente ya lo estoy, pueda agotarme del todo. Quiero no poder andar, quiero no ser capaz de moverme, no poder hacer ruido, no poder gritar.
Quiero una caricia.
Y ahora que estoy rodeada de gente, me encantaría estar sola.
Sin embargo, me asusta la soledad.


Cris

viernes, 5 de noviembre de 2010

Mi música



Cada nota sale con más fuerza, con más ganas, como queriendo arrancarle la ropa al silencio. Todas mis cuerdas gritan al tiempo, peleándose unas con otras sin respetar su turno. Yo tan sólo quiero hacer música, quiero ser tu música.

Pero la melodía corta el tiempo, le daña, le maltrata y no consigue detenerlo.

No como yo quería,
no como tú querías.

Mas aún así no me rindo. Volveré a mostrar mis curvas de madera, a hacer vibrar mis cuerdas para que suenen notas. Inventaré mil melodías, un millón, si cabe... Hasta que un día, hasta que una de ellas consiga que el tiempo deje de bailar con la locura.

Detente, le dirá.
Más despacio.
Para.


Cris

jueves, 4 de noviembre de 2010

Incluso un reloj estropeado puede dar la hora dos veces al día

"¿Te atreves a quedarte fuera? ¿Te atreves a entrar? ¿Cuánto puedes perder? ¿Cuánto puedes ganar?
Y si entras, ¿deberías ir a la izquierda o a la derecha? O… ¿tres pasos hacia la derecha o uno menos?

Puedes confundirte tanto que empieces a correr por caminos largos con muchas curvas y a una velocidad trepidante y seguir como puedas durante kilómetros, por un espacio salvaje y extraño dirigiéndote, me temo, hacia un sitio inútil. Un lugar de espera, para gente que sólo espera.
Esperando que salga un tren, o que llegue un autobús, o que despegue un avión, o que llegue el correo, o que deje de llover, o que suene el teléfono, o que empiece a nevar, o a recibir un si, o un no, o un collar de perlas, o unos pantalones, o una peluca, o una segunda oportunidad..."

(Fracture)