
La incierta noche llegó de repente, cuando la respiración aun no se había calmado y el viento hacía vacilar la ligereza de tu ropa. Le plantamos cara al mundo, luchamos contra el agua cuando el desierto nos cubría los ojos y salpicamos de leyendas la picardía de las sábanas de seda. Vivimos la vida en tus ojos. La incoherencia del frío en verano nos hizo abrazarnos muy fuerte, muy juntos, hacernos el uno al otro, masticar la desnudez insólita de dos amantes veteranos que ya no buscan respuestas, que con la piel lo dicen todo, que se sienten, que se beben, que se tocan, que dejan de amarse para encontrar la pasión en el amor y decirse "te quiero" con cada gemido mientras suspiran barro y sudan barniz.
Cris

