Se levanta a las 8:00 am. y no remolonea en la cama. Va al baño directa, mea, se lava la cara y a la cocina. Es hora de café y cigarro, las 8:10. Prepara la cafetera y se enjuga las lágrimas mientras tararea la canción que suena en la radio. Pasa el rato, bebe, come y se mete en la ducha para lavarse las penas. Se tapa las ojeras con maquillaje y le sonríe al espejo, aún desnuda. Se tapa el cuerpo igual que hizo con los óvalos azules que le cubrían los ojos. Se calza, se peina, piensa, piensa y, finalmente, sale de casa.
Las calles le huelen a rutina y la gente le parece la misma, aunque tal vez con distinta cara. Va al estanco de la esquina y se compra un par de sonrisas, le harán falta para fingir. Llega a la parada del autobús y saluda a la gente, entre caladas, callada.
Con un gesto de cabeza.
Con la cabeza baja.
Baja del autobús y lo último que quiere es que alguien le hable, las sonrisas que compró se le atascaron en el bolsillo.
Es martes,
aún.
Nasty.

